Se desnudaron sin gracia, cada uno por su lado, en un cuartucho de mala
muerte. Ella tomó un condón de la caja y se lo puso entre manipulaciones
de manos y boca experta.
Él obervó el cuarto mal iluminado. Pensó que seguramente siempre era la
misma escena y ella repetía sus artes con cada cliente, una y otra vez.
Los movimientos eran perfectos, la técnica impecable.
Le dijo que se detuviera y se vistió sin pensarlo. El pene flácido no respondió nunca, la falta de pasión provoca impotencia.
Imagen tomada de
http://kubaonline.pl/wp-content/uploads/2009/06/jinetera.jpg
Un blog sobre todo y nada, pero con acento cubano. Donde se escribe lo que se piensa, sin pensar mucho lo que se escribe.
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jueves, 6 de diciembre de 2012
martes, 21 de agosto de 2012
Limosnas
Se aceptan:
martillos sin cabeza,
alas de mariposa,
computadoras rotas,
billetes falsos.
Agradecemos:
periódicos viejos,
pantalones remendados,
timones sin auto.
Quisieramos:
botellas rotas,
perfumes a medias,
anillos de lata.
Solamente ponemos una condición:
entréguese con cariño.
S@lu2 wzaldivar
lunes, 20 de agosto de 2012
Andar la Habana I
![]() |
| Habana de noche |
La descubrí una noche de 1999, estaba en el servicio militar y "Adelita se había ido con un comisario". La Habana con sus luces me atraía como a polilla, caminar por Obispo, por Prado, el Malecón, el Capitolio; era uno de mis entretenimientos. Fue en esas caminatas nocturnas, haciendo tiempo para regresar a la unidad militar y con ningún deseo de ir a casa, que comencé a enamorarme de "La Habana".
Eran los primeros años que comencé a tomar conciencia de lo que después un amigo definiría como la "Marca Che Guevara". Me molestaba cuando caminaba por Obispo y en cada esquina se escuchaba un grupito tocando "Idilio" o "Hasta Siempre". Me sentía traicionado, sentía que alguien estaba vendiendo una parte de mi ser, de mi identidad. Sobre todo me jodía que esa "identidad" se la vendieran a un grupo de borrachos interesados solamente en el buen ron , el tabaco y las caderas de una cubana, pero con la suerte de tener "dollars" y poder gastar en una noche meses de trabajo de mis padres. Después descubrí que no eran todos así, descubrí que me jodía más todavía cuando se la "vendían" a los peores, a los pseudo-izquierdosos.
Entonces "La Habana" y yo entrábamos en complicidad. Ella me mostraba sus dolores de edificios tambaleantes y yo le contaba mis penas. Eramos dos solitarios, ella me enseñaba sus secretos y yo me quejaba de que permitiera que la trataran como una gran puta, siendo tan señora. Hasta que una noche, la primera que tuve fuerzas para llegar al final de Obispo sin deseos de vomitar por los mercaderes en el templo, me mostró la Plaza de Armas, como no la había visto nunca, con sus farolas de luces amarillentas que la convertían en una especie de jardín mágico. Esa misma noche me llevó a la Plaza de la Catedral, cuando me dí cuenta, ya le había jurado amor eterno.
Por supuesto, es una cita a la que no he dejado de asistir, aunque no acudo tanto como quisiera. Si alguna vez llegas a la Plaza de Armas a medianoche, espera, escucha a la señora que sale a recolectar amores.
S@lu2 wzaldivar
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