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domingo, 25 de diciembre de 2011

Navidad 2011

En el momento que esto sea publicado estaré en la misa de Navidad en la capilla a la que voy cada domingo.

Una vez más se acerca el final del año y la Navidad, otra vez me veo en la misma situación, me resulta difícil desearle Feliz Navidad a otros. 

Este año, igual que el anterior y muy probablemente el siguiente; la Navidad, fiesta con un significado absolutamente religioso se volverá para muchos motivo y oportunidad para la comilona y la borrachera. ¿Está mal que sea una festividad, que nos alegremos y pongamos un poco más de esmero en la mesa? No, no hay nada de malo en hacer de ese día un día especial, sobre todo si tenemos en cuenta que es unos de los pocos momentos del año en que se reunen las familias. Después de todo de eso se trata la Navidad, de una familia alrededor de un pesebre, de un niño.

El problema está en que olvidamos eso, olvidamos al vecino necesitado (no hay que ir muy lejos para encontrar un ser humano que no es feliz), nos olvidamos de Dios en el día que se celebra que hace unos 2000 años, en una fecha que no conocemos, nació el Hijo de Dios para caminar y sufrir entre nosotros. Para ofrecer su vida por nosotros.

Una vez más, como cada año, deseo una Navidad con menos luces en los arbolitos y más luz en el corazón. Con menos comida en mi mesa y más en la de aquel que realmente la necesita. Con menos alcohol y más agua de vida. Con menos regalos y más amor.

Ya está, ahora puedo decirlo. Feliz Navidad a todos.

S@lu2 wzaldivar

PD: Mientras buscaba la imagen que utilicé en este post encontré esta historia, no puedo decir que sea cierta, pero dice mucho.

En 1994, dos americanos respondieron a una invitación del Departamento de Educación de Rusia, para enseñar moral y ética (basado en principios bíblicos) en las escuelas públicas.  Fueron invitados a enseñar en prisiones, negocios, departamentos de bombero y policía, y en un inmenso orfanato.  Alrededor de 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados, y dejados en cargo de un programa del gobierno, estaban en este orfanato.  Ellos relatan esta historia en sus propias palabras.

Se acercaban los días de fiestas Navideñas, 1994, tiempo para que nuestros huérfanos escucharan por primera vez, la historia tradicional de Navidad.  Les contamos como María y José llegaron a Belén.  No encontraron albergue en la posada y la pareja se fue a un establo, donde nació el niño Jesús y fue puesto en un pesebre.

Durante el relato de la historia, los niños y los trabajadores del orfanato estaban asombrados mientras escuchaban.  Algunos estaban sentados al borde de sus taburetes, tratando de captar cada palabra.  Terminando la historia, le dimos a los niños tres pequeños pedazos de cartulina para que construyeran un pesebre.  A cada niño le dimos un pedazo de papel cuadrado cortados de unas servilletas amarillas, que yo había traído conmigo pues no habían servilletas de colores en la cuidad.

Siguiendo las instrucciones, los niños rasgaron el papel y colocaron las tiras con mucho cuidado en el pesebre.  Pequeños pedazos de cuadros de franela, cortados de un viejo camisón de dormir que había desechado una señora Americana al irse de Rusia, fue usado para la frazada del bebé.  Un bebé tipo muñeca fue cortado de una felpa color canela que habíamos traído de los Estados Unidos.

Los huérfanos estaban ocupados montando sus pesebres, mientras yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban ayuda.  Parecía ir todo bien hasta que llegue a una de las mesas donde estaba sentado el pequeño Misha.  Lucía tener alrededor de 6 años y ya había terminado su proyecto.  Cuando miré en el pesebre de este pequeño, me sorprendió ver no uno, pero dos bebés en el pesebre.  Enseguida llame al traductor para que le preguntara al chico porque habían dos bebés en el pesebre.  Cruzando sus brazos y mirando a su pesebre ya terminado, empezó a repetir la historia muy seriamente.

Para ser un niño tan pequeño que solo había escuchado la historia de Navidad una vez, contó el relato con exactitud… hasta llegar a la parte donde María coloca el bebé en el pesebre.  Entonces Misha empezó a agregar.  Inventó su propio fin de la historia diciendo:

“ y cuando María colocó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar donde ir.  Yo le dije, "no tengo mamá y no tengo papá, así que no tengo donde quedarme.  Entonces Jesús me dijo que me podía quedar con Él.  Pero le dije que no podía porque no tenía regalo para darle como habían hecho los demás.  Pero tenía tantos deseos de quedarme con Jesús, que pensé que podría darle de regalo.  Pensé que si pudiera mantenerle caliente, eso fuera un buen regalo.

Le pregunté a Jesús, “ Si te mantengo caliente, sería eso un buen regalo?”

Y Jesús me dijo, “Si me mantienes caliente, ese sería el mejor regalo que me hayan dado".

Así que me metí en el pesebre, y entonces Jesús me miró y me dijo que me podría quedar con Él… para siempre.”

Mientras el pequeño Misha terminaba su historia, sus ojos se desbordaban de lágrimas que les salpicaban por sus cachetes.  Poniendo su mano sobre su cara bajó su cabeza hacia la mesa y sus hombros se estremecían mientras  sollozaba y sollozaba.

El pequeño huérfano había encontrado alguien quien nunca lo abandonaría o lo abusara, alguien quien se mantendría con él…PARA SIEMPRE.

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